Las olas de frío son cada vez más frecuentes y estar preparado para afrontarlas es la mejor forma de protegernos frente a ellas.
Ante estas olas de frío conviene estar preparados, porque no protegerse de la manera adecuada puede tener consecuencias para la salud. Además de estar pendiente de las previsiones meteorológicas, hay algunos tips y consejos que conviene seguir para poder enfrentarse a ellas sin que nuestro cuerpo sufra las consecuencias.
Qué le ocurre a tu cuerpo durante una ola de frío
Está claro que una de las principales cosas que sucede es que sentimos frío, esto es algo casi imposible de evitar, por lo menos en aquellas zonas del cuerpo que no es posible cubrir y que quedan a la intemperie. Sin embargo, más allá del frío que todos esperamos, hay ciertas consecuencias que podemos sufrir al exponernos a las bajas temperaturas, que pueden llegar a afectar al corazón, el cerebro y otros órganos vitales. En estas situaciones hay que tener especial precaución con los niños, las personas mayores y quienes tienen afecciones cardiovasculares o respiratorias previas.
El frío debilita la respuesta inmune de nuestro organismo, esto quiere decir que nos resulta más complicado defendernos ante el contacto con virus o bacterias, aumentado el caso de enfermedades respiratorias, entre otras. Las temperaturas extremadamente bajas también pueden provocar el agravamiento de enfermedades crónicas respiratorias (inhalar el aire frío puede causar irritación en el tracto respiratorio), como bronquitis o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, así como los síntomas de las enfermedades reumáticas. También puede favorecer la aparición de episodios cardiocirculatorios, porque potencia la formación de trombos y el aumento de la presión arterial.
Además, como nos invita a pasar más tiempo en interiores, es más sencillo que se propaguen las patologías infecciosas, sin contar el aumento de riesgo de caídas y accidentes por la formación de placas de hielo en el suelo. En los casos más extremos también conviene tener en cuenta el riesgo de hipotermia y congelación.
Consejos para protegernos del frío
Ante una bajada de las temperaturas o una ola de frío, es clave protegerse para intentar que los efectos de ese frío en nuestro cuerpo sean los menores posibles. Uno de los primeros consejos, que comparten los organismos oficiales como Cruz Roja y el sentido común, es abrigarse adecuadamente. Es importante evitar la pérdida de calor, por lo que el uso de prendas de abrigo, como gorros, bufandas o guantes, es una de las primeras recomendaciones. Es mejor llevar varias prendas ligeras que una gruesa, porque este sistema atrapa el calor y mejora el confort. También el calzado es clave, que sea impermeable y antideslizante.
Siempre que sea posible, hay que evitar salir en las horas de temperaturas más bajas, escogiendo las horas centrales del día para salir al aire libre. Es importante mantener las casas a la temperatura adecuada, cerrando puertas y ventanas, así como bajando las persianas al anochecer. Se recomienda apagar las estufas durante la noche para evitar intoxicaciones, usando mejor mantas o calefacción.
No solemos pensar en ello, pero al respirar por la nariz evitamos la entrada de aire frío directo a los pulmones, por lo que es mejor optar por esta solución. También lo que consumimos puede jugar a nuestro favor o nuestra contra, por ejemplo, es mejor evitar el alcohol, porque favorece la pérdida de calor corporal, pero un mayor consumo de grasas y carbohidratos puede proporcionarnos energía extra. Optar por tomar caldos puede ayudarnos tanto a mantenernos hidratados como calientes.
Además, se recomienda evitar los cambios bruscos de temperatura, así como pasar demasiado tiempo en el exterior, proteger las zonas más sensibles del cuerpo, como las manos o el cuello, ventilar la vivienda y evitar utilizar los aparatos de calefacción que desprendan olores raros al enchufarlos. Hay que revisar que nuestros sistemas de calefacción funcionen adecuadamente, no cubrirlos con prendas de ropa y evitar acercar las estufas a muebles o cortinas.
Mantenerse informado de la previsión del tiempo es clave, así como utilizar el transporte público siempre que se pueda para reducir el riesgo de accidentes, sobre todo si no sabemos conducir bajo esas condiciones climáticas o poner las cadenas. Al cambiar también hay que extremar las precauciones.
Artículo tomado de 20minutos, lea el original aquí.