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Adopción de mascotas: un acto social con impacto económico creciente

En América Latina, adoptar una mascota ya no es únicamente un gesto de empatía: se ha convertido en una práctica que salva vidas, reduce costos, genera valor y transforma la relación entre sociedad, mercado y bienestar animal.

La adopción de mascotas ha evolucionado de una acción individual a un fenómeno con implicaciones económicas, sanitarias y urbanas. En el centro de esta discusión se encuentra una realidad contundente: la sobrepoblación de animales en situación de calle no solo representa una crisis ética, sino también un problema estructural con costos crecientes para la sociedad.

México es uno de los casos más representativos y preocupantes en América Latina. De acuerdo con Mars Petcare, en el país alrededor de 30 millones de perros y gatos viven en la calle. Además, al menos el 70% de estos animales tuvo alguna vez un hogar, lo que evidencia que el problema no radica únicamente en la reproducción, sino en el abandono sistemático.

A nivel global, la magnitud del fenómeno es igualmente alarmante. El State of Pet Homelessness Project estima que existen más de 143 millones de perros y 203 millones de gatos sin hogar en el mundo. Este estudio, basado en cientos de fuentes y miles de encuestas, muestra que una proporción significativa de estos animales se concentra en economías emergentes.

Aunque cada país presenta particularidades, existen patrones comunes. Uno de los más relevantes es la dificultad para acceder a viviendas que permitan mascotas. Cerca de una de cada cinco personas que considera separarse de su animal lo hace por motivos relacionados con mudanzas o restricciones habitacionales. Asimismo, el 24.4% de los abandonos está vinculado directamente con la falta de recursos económicos, lo que confirma que la decisión de mantener o abandonar una mascota está profundamente condicionada por factores materiales.

Otro aspecto preocupante es la pérdida de mascotas: casi la mitad de los dueños ha experimentado esta situación, y cerca del 60% no logra recuperarlas. A esto se suma un bajo nivel de esterilización: solo el 50% de los perros y el 60% de los gatos, según estimaciones de los propios dueños, han sido esterilizados, lo que contribuye a la reproducción no controlada y al crecimiento del problema.

Implicaciones económicas del abandono

Detrás de estas cifras existen factores estructurales que combinan economía y cultura: falta de planeación financiera al adquirir una mascota, aumento en los costos de alimentación y servicios veterinarios, restricciones en el mercado inmobiliario, y una limitada educación en tenencia responsable.

Según Pawify, plataforma digital enfocada en la adopción, cuidado y, principalmente, la búsqueda y localización de mascotas perdidas, la sobrepoblación de animales en la calle genera costos que rara vez se cuantifican en el debate público, como los costos sanitarios y urbanos, ya que los animales sin control sanitario pueden transmitir enfermedades, provocar accidentes y generar presión sobre servicios públicos; además, hay presión presupuestaria cuando los gobiernos y organizaciones civiles deben destinar recursos a control, rescate, vacunación y, en muchos casos, eutanasia.

Frente a este escenario, la adopción no solo reduce el sufrimiento animal, también es una estrategia económicamente eficiente. Adoptar implica reducir la carga sobre refugios y gobiernos, formalizar el consumo en la industria pet care, impulsar servicios veterinarios, seguros y retail especializado, y disminuir costos asociados a sobrepoblación urbana. En otras palabras, la adopción convierte un pasivo social en un activo económico.

Hay señales de cambio, como una mayor penetración de campañas de esterilización, la participación creciente del sector privado en bienestar animal, y una nueva generación de startups está transformando radicalmente el modelo tradicional de adopción, basado en refugios físicos, hacia plataformas digitales, inteligentes y escalables; el resultado, un ecosistema más eficiente, accesible y alineado con las nuevas dinámicas de consumo digital. 

De acuerdo con Statista, la última década ha marcado un punto de inflexión en la relación entre humanos y animales. En solo cinco años, América Latina concentró 45% de las nuevas mascotas adoptadas a nivel mundial.

En este sentido, el cambio cultural tiene un correlato económico contundente. Grupo IMARC estima que el mercado de mascotas en la región está en plena expansión, en 2024, el sector alcanzó 11,380 millones de dólares y se proyecta que llegue a 18,880 millones en 2033; para 2025, el mercado regional rondaba los 12,000 millones de dólares, con proyección de 19,000 millones hacia 2034. El crecimiento anual estimado es de alrededor del 5% al 6%, impulsado por mayor adopción y gasto premium. A nivel global, el fenómeno es aún más grande, el mercado mundial de cuidado de mascotas alcanzó 259,000 millones de dólares en 2024 y podría superar los 427,000 millones para 2032. 

Mascotas antes que hijos: el cambio que está redefiniendo el consumo

En América Latina está ocurriendo un cambio discreto pero significativo, cada vez más personas, sobre todo millennials y miembros de la generación Z, están optando por retrasar o incluso descartar la idea de tener hijos, al mismo tiempo que fortalecen sus lazos afectivos y económicos con sus mascotas. Este fenómeno, conocido como pet parenting o la etapa de los “perrhijos” y “gathijos”, no solo está transformando la idea tradicional de familia, sino que también está impactando diversas industrias y modificando los hábitos de consumo en la región.

Durante mucho tiempo, tener hijos fue considerado el camino natural al formar una familia, sin embargo, esa visión está cambiando. Investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de México destacan que factores como el aumento en el costo de vida, la precariedad laboral, la inseguridad y nuevas metas personales han llevado a muchos jóvenes latinoamericanos a preferir una mascota antes que la paternidad. Hoy en día, los animales de compañía han dejado de ocupar un rol secundario para convertirse en parte fundamental del núcleo familiar. De hecho, en varios países latinoamericanos, entre el 66% y el 71% de los hogares cuentan con al menos una mascota.

El fenómeno de “mascotas antes que hijos” no es una moda pasajera, sino una transformación estructural en América Latina. Impulsado por factores económicos, sociales y culturales, está redefiniendo la familia, el consumo y los mercados; también se relaciona con la disminución de las tasas de natalidad, lo que podría generar desafíos importantes en el futuro, especialmente en temas como el envejecimiento de la población y la sostenibilidad de los sistemas de pensiones.

Impacto social y emocional

Tener mascotas no solo implica compañía, sino también un impacto tangible en la salud y el bienestar. Diversos estudios respaldados por la American Heart Association señalan que convivir con animales, especialmente perros, puede influir positivamente en la calidad de vida.

Por ejemplo, las personas que tienen perros tienden a vivir más tiempo que quienes no los tienen. De hecho, se ha observado que la tenencia de un perro puede reducir hasta en un 31% el riesgo de morir por un infarto o un accidente cerebrovascular.

Además, el hábito de pasear regularmente con un perro fomenta la actividad física diaria. Un estudio mostró que los dueños que sacan a pasear a sus mascotas con frecuencia pueden tener hasta un tercio menos riesgo de desarrollar diabetes en comparación con quienes no tienen perro.

Más allá de los datos clínicos, especialistas coinciden en que convivir con una mascota contribuye a reducir el estrés, mejorar la condición física y fortalecer el bienestar emocional. En conjunto, estos beneficios convierten a las mascotas en una fuente relevante de apoyo social y salud integral.

Artículo tomado de Forbes, lea el original aquí.

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