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Los millennials son la generación mejor posicionada para prosperar en la era de la IA. Aquí está la prueba

Imagen de cocoandwifi en Pixabay

Mi generación enfrentó el 11 de septiembre, una crisis financiera y un mercado de vivienda que nos cerró las puertas. Aun así, hicimos nuestro trabajo interior. Esa profundidad es nuestra ventaja frente a la inteligencia artificial.

  • Los millennials están preparados para prosperar en la era de la inteligencia artificial. La formación que recibimos, por accidente y a propósito, es exactamente el conjunto de habilidades que esta era necesita con urgencia.
  • Navegar grandes transiciones sociales, económicas y tecnológicas sin un mapa nos forjó pensamiento crítico, autoconocimiento, autorregulación y la capacidad de detectar cuando un resultado es técnicamente correcto, pero aun así se siente “raro”.
  • Nuestro superpoder es la capacidad de pensar críticamente y seguir siendo humanos. La IA piensa. Nosotros sentimos. La era de la IA necesita ambas cosas juntas.
  • Para aprovechar esa formación, debes convertirte en el arquitecto de IA dentro del negocio en el que ya estás y construir eso que has venido postergando ahora que la IA eliminó las barreras de capital y de personal.

Hace dos semanas armé el equipo de marketing que me hacía falta desde mis días en IBM.

Soy millennial, ya cerca de los 40. Si tú también lo eres, conoces la historia: somos, como generación, los que vamos siempre un paso atrás.

Excepto esta vez. La formación que recibimos como millennials, por accidente y a propósito, es exactamente el conjunto de habilidades que la era de la IA necesita con urgencia.

Para lo que realmente nos entrenaron a los millennials

La narrativa sobre mi generación corre por dos vías.

La primera son las etiquetas. Fuimos la generación consentida durante una década. Luego, la quemada. Luego, la atrasada. Ahora Newsweek nos llama la generación sin rumbo profesional (en inglés, career-confused), y la prensa de negocios dice que ocultamos años de experiencia para competir contra la Generación Z y la inteligencia artificial (IA).

La segunda son los hechos. Nos tocó vivir el 11 de septiembre en la preparatoria. La crisis financiera en los primeros años de nuestra carrera. Un mercado de bienes raíces que se volvió prohibitivo antes de que pudiéramos entrar en él. El Reporte de Vivienda en Propiedad Millennial 2025 de Apartment List ubica nuestra tasa de vivienda en propiedad en 47%, muy por debajo de donde estaban las generaciones anteriores a esa misma edad. Datos de la Reserva Federal muestran que los millennials concentramos alrededor del 10% de la riqueza nacional de los hogares. Los baby boomers, con un tamaño de población similar, concentran más del 51%.

Procesamos el 11 de septiembre sin smartphones. Nos sentamos a ver las imágenes. Las discutimos con la gente que teníamos físicamente al lado. Ningún algoritmo nos dijo qué sentir.

Adoptamos el módem telefónico, luego la banda ancha, luego los smartphones, luego lo social. Como adultos. Sin mapa de ruta.

También fuimos la primera generación en ir a terapia a gran escala. Aprendimos más sobre nuestras emociones, nuestro sistema nervioso y nuestros patrones que cualquier generación anterior, todo mientras averiguábamos cómo pagar las cuentas. Lo que ese trabajo interior construyó fue específico: autoconocimiento, autorregulación y la capacidad de sentir cuando algo se siente forzado incluso antes de poder nombrarlo. Un resultado puede parecer técnicamente correcto y, sin embargo, sentirse mal, sin voz propia, sin rumbo estratégicamente, sutilmente inventado. Nuestra capacidad para detectarlo antes de que salga a producción es inteligencia somática.

Nos dijeron: si quieres crecimiento exponencial, métete a tecnología. Toda una generación lo hizo. Nos convertimos en estrategas, ingenieros y operadores. Nos pagaron mejor por nuestra capacidad de pensar.

Y miren quién dirige las empresas de IA en este momento: Dario Amodei (nacido en 1983) y Daniela Amodei (nacida en 1987) cofundaron Anthropic. Sam Altman (nacido en 1985) dirige OpenAI. Mira Murati (nacida en 1988) fundó Thinking Machines. La generación que dirige la IA es millennial.

Los datos más amplios lo respaldan. Una investigación de Slack publicada por Salesforce indica que uno de cada tres trabajadores entre 28 y 43 años usa IA generativa todos los días. Los millennials superan a todas las demás generaciones en el uso de inteligencia artificial para trabajo estratégico y responsabilidades complejas.

Llegamos en el momento exacto. Y, sin embargo, muchos de nosotros vivimos con la sensación de estar atrasados.

La capacidad de pensar críticamente y seguir siendo humanos es nuestro superpoder

Cada dato de la lista anterior sirvió como entrenamiento. Los músculos que desarrolló son específicos.

Aprendimos a sentirnos incómodos antes de buscar una solución. Aprendimos a contrastar sentimientos y hechos. Aprendimos a ser el estratega en cada sala de juntas.

Las últimas dos son la ventaja: el pensamiento crítico y la capacidad de seguir siendo humanos.

Un modelo de IA te da una respuesta inteligente. El humano que la lee decide si esa respuesta sobrevive el contacto con la realidad.

La IA piensa. Nosotros sentimos. La era de la IA necesita ambas cosas al mismo tiempo.

Una generación que aprendió a pensar por sí misma, hacer su trabajo interior y avanzar hacia cada nueva ola tecnológica es la generación con más probabilidades de encontrar ventajas en un mundo en donde está presente la IA; de optimizarla para sus propias necesidades, de cerrar la brecha cuando se sienta atrasada y de transformar donde realmente importa.

Dos posibles caminos

Tenemos la formación. Aquí hay dos maneras de utilizarla.

Uno: conviértete en el arquitecto de IA dentro del negocio en el que ya estás. Tienes el pensamiento crítico y el criterio para ayudar a ese negocio a prosperar. Tú eres el humano en el bucle.

Dos: construye eso que la IA ahora hace viable en solitario. Para la mayoría de los pequeños negocios, las barreras eran el capital y el personal. La inteligencia artificial elimina ambas. Construye eso que has venido postergando.

Entonces, ¿qué te sigue deteniendo?

En PurposeBuilt usamos un marco llamado la Ecuación del impulso. Todos los dueños de negocio a quienes asesoramos pasan por ella:

Impulso = masa × velocidad − resistencia

Tres variables que ayudan a identificar rápidamente cómo crecer y sostener el impulso.

La masa es lo que necesitas aprender. Nuevas habilidades, nuevas conexiones y herramientas. Si tu masa es baja, desarróllala.

La velocidad es hacia dónde apunta tu inspiración. Energía estratégica, acción alineada y dirección enfocada. Si tu velocidad está dispersa, enfócala.

La resistencia es el arrastre que te frena; mental, emocional, somático y relacional. La historia que te cuentas a ti mismo sobre estar atrasado es una forma de resistencia. Si tu resistencia es alta, esa es la variable. Empieza por ahí.

Para la mayoría de los dueños de negocio que asesoro, las tres variables están en juego. Las brechas de habilidades y conocimiento se profundizan a medida que la IA evoluciona. La velocidad cae por el agotamiento o la inspiración perdida. La resistencia sube por la narrativa interna de estar atrasado.

Haz la ecuación. Verás exactamente por dónde empezar. Yo empecé aumentando mi masa.

Aquí está la prueba

Cuando te metes de lleno, vas a detectar lo que un operador con menos formación habría dejado pasar; esa es tu formación en la práctica. Por supuesto, vas a cometer errores. Nuestra generación ha atravesado transiciones más difíciles que esta.

La prueba (ya que te la prometí en el título):

  • Hace dos domingos: dediqué seis horas y lancé un agente funcional para escribir newsletters. Lee mi brief en nota de voz, hace referencia a todos mis textos anteriores, extrae temas y produce un borrador con mi voz, listo para revisión en mi cuenta de Mailchimp, en mi plantilla de diseño y con el tono de mi marca.
  • Una semana después: tres agentes. Redactor de newsletters, investigador de podcast, redactor de redes sociales.
  • Dos semanas después: un equipo de marketing funcional construido alrededor de nueve empleados. Todos los borradores llegan al canal correspondiente: Mailchimp, Borradores de Gmail, Blotato (diseño y publicación de redes sociales). Trabajando para mí. Entrenado con mi voz. Listo para mi revisión.

Tres fallas. $750 dólares. La formación en la práctica

En la construcción hubo obstáculos.

Primero, construí agentes en mi escritorio, que podía colapsar en cualquier momento. Construye sobre infraestructura que escale. Lo aprendí a la mala.

Segundo, mi empleado de IA seguía recomendando herramientas que añadían complejidad y costos innecesarios, así que construí una habilidad de selección de herramientas que revisaba actualizaciones de seguridad, actualizaba costos de construcción y sopesaba los pros y contras frente a mi arquitectura existente.

Tercero, mis flujos de trabajo y tareas programadas (cron jobs) no corrían como estaban diseñados. Contraté a un desarrollador por contrato para corregirlos en lugar de quedarme dando vueltas; entre herramientas y apoyo humano gasté en total $750 dólares. Lo valió.

Cada falla me enseñó algo específico sobre cómo se comporta la IA por defecto. Las lecciones se acumulan. El sistema mejora. Pido ayuda cuando la necesito.

Mis empleados de inteligencia artificial son mejores que yo en velocidad y consistencia. Yo soy mejor que ellos en estrategia y criterio. Mi trabajo es saber qué tarea le corresponde a un humano y cuál les corresponde a ellos.

Algo de contexto: dirigí un equipo de machine learning de $10 millones construyendo LLMs en etapa temprana; lanzamos chatbots a IBM.com en 2018. Ahora, como dueña de un pequeño negocio sin ese presupuesto, puedo sentir que ese mismo impulso está tomando fuerza. Por $750 dólares.

Tú también puedes hacerlo. No vas tarde. Ahora que lo sabes, ¿qué vas a construir hoy?

Artículo tomado de Entrepreneur, lea el original aquí.

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