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El 71% cree que antes se convivía mejor: así afectan los celulares las comidas familiares

Un análisis presentado por Nestlé en su 95 aniversario destapa una realidad incómoda: aunque 7 de cada 10 personas creen que la convivencia era mejor sin pantallas, el 92% de las familias usa un dispositivo mientras come.

En la era de la hiperconectividad, la mesa, ese espacio ancestral de encuentro y nutrición, se ha convertido en el epicentro de una paradoja moderna: estamos más cerca de quienes están lejos y, a la vez, más distantes de quienes tenemos a un lado. Esta es la realidad que destapa el estudio «Convivencia Familiar en las Mesas Mexicanas», una iniciativa de Nestlé México en el marco de su 95 aniversario en el país.

El resultado es un diagnóstico revelador sobre cómo la tecnología ha reconfigurado el ritual más importante del día. Según Ingrid Stowhas, vicepresidenta de Consumo y Comunicación Corporativa de Nestlé México, la intención era abordar algo que todos viven en casa: «estos aparatos nos ayudan muchísimo en la vida diaria para conectar con quienes están lejos, pero nos desconectan con los que sí están cerca», asegura.

Un diagnóstico en cifras  

El estudio, realizado a través de 767 encuestas a nivel nacional, confirma con datos lo que muchos sospechaban. Las cifras son elocuentes:

  • Omnipresencia digital: Un abrumador 92% de las familias mexicanas encuestadas utiliza al menos un dispositivo mientras come. El smartphone (31.5%) y la televisión (35.8%) son los protagonistas.
  • Nostalgia por el pasado: Siete de cada diez encuestados (71%) consideran que la convivencia en la mesa era mejor antes de que las pantallas estuvieran presentes.
  • Fuente de conflicto: Las pantallas no solo distraen, sino que generan tensión. Seis de cada diez diferencias que surgen en la mesa se deben precisamente a su uso.
  • Conciencia de la desconexión: Existe un reconocimiento del problema. El 60% de los hogares cree que pondría más atención a su familia si no hubiera dispositivos , y el 79% asegura que, incluso sin ellos, tendrían temas de conversación para conectar.

Para Stowhas, estos datos no fueron una sorpresa, sino la confirmación de una hipótesis cada vez más común. «Cuando estábamos revisando los resultados (…) todos decíamos, es que eso me representa, todo lo que estoy viendo ahí, creo que me veo reflejado en mi día a día, en mi casa», compartió sobre la reacción de su equipo al ver el estudio.

La voluntad de cambio y el desafío generacional

A pesar del panorama, el estudio revela que seis de cada diez familias estarían dispuestas a dejar de usar las pantallas en la mesa para priorizar la convivencia. Existe una voluntad de cambio, un deseo latente por recuperar la calidad de las relaciones humanas.

Sin embargo, el reto tiene un componente generacional. Los encuestados más jóvenes, entre 16 y 35 años, son los menos dispuestos a desconectarse, mientras que la disposición es mayor en el grupo de 36 a 65 años. Curiosamente, aunque la voluntad existe, casi 4 de cada 10 familias (42.7%) no tienen acciones claras o rituales para limitar el uso de la tecnología durante las comidas.

Artículo tomado de El Economista, lea el original aquí.

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