La miopía suele asociarse únicamente a la dificultad para ver de lejos, pero sus consecuencias van bastante más allá.
La miopía se ha convertido en uno de los principales retos para la salud visual de las nuevas generaciones. Cada vez son más los niños y jóvenes que necesitan gafas a edades tempranas y cuya graduación aumenta con rapidez. Detrás de este fenómeno no hay una única causa, solo una combinación de hábitos que han cambiado radicalmente en los últimos años: más tiempo frente a las pantallas, largas jornadas de estudio o trabajo en visión de cerca y una vida cada vez más desarrollada en espacios interiores.
«En consulta vemos cada vez más niños que desarrollan miopía a edades tempranas y con una progresión más rápida», explica Javier Mendicute, médico oftalmólogo, director médico de Miranza Begitek y presidente honorario de la Sociedad Española de Oftalmología (SECOIR). Según el especialista, «el aumento del trabajo en visión próxima, el uso intensivo de dispositivos digitales o la reducción del tiempo al aire libre parecen desempeñar un papel importante».
No es solo culpa del móvil
Aunque las pantallas suelen ocupar el centro del debate, los oftalmólogos insisten en que el problema es más complejo. «Simplificar el problema a ‘culpa del móvil’ sería un error», afirma Javier Mendicute. La evidencia científica apunta a que el verdadero cambio está en el estilo de vida.
«Pasamos muchas más horas leyendo, estudiando o utilizando dispositivos digitales y, sobre todo, cada vez menos tiempo al aire libre», señala el experto. De hecho, la exposición a la luz natural parece ejercer un efecto protector frente al crecimiento excesivo del ojo, responsable del desarrollo de la miopía. «El problema no son únicamente las pantallas, sino un modelo de vida cada vez más desarrollado en interiores y con una demanda visual cercana prácticamente constante desde edades muy tempranas», resume.
Mucho más que ver borroso
La miopía suele asociarse únicamente a la dificultad para ver de lejos, pero sus consecuencias van bastante más allá. En personas jóvenes puede afectar al estudio, al trabajo, a la práctica deportiva, a los viajes o incluso a la conducción, al generar una dependencia constante de gafas o lentes de contacto.
Además, cuando alcanza graduaciones elevadas, también aumenta el riesgo de desarrollar patologías oculares en etapas posteriores de la vida, especialmente problemas de retina. «Hoy entendemos la miopía no solo como un defecto refractivo, también como una condición que puede influir tanto en la calidad de vida presente como en la salud visual futura», subraya el especialista Mendicute.
Cuando las lentillas dejan de ser cómodas
Muchos jóvenes normalizan terminar el día con los ojos secos, irritados o cansados después de llevar lentillas durante horas. Sin embargo, los expertos recuerdan que esa incomodidad no debería convertirse en rutina. «Una ligera sensación de sequedad al final del día puede ser relativamente frecuente, pero no debería considerarse normal sufrir molestias de forma habitual«, advierte el médico. Si aparecen irritación, enrojecimiento, sensación de cuerpo extraño, visión fluctuante o dificultad para mantener las lentes durante las horas habituales, recomienda acudir a consulta. En muchos casos estos síntomas pueden indicar un problema de superficie ocular, una mala adaptación de las gafas o un uso excesivo.
Más autonomía, principal motivo para operarse
Cada vez más personas de entre 21 y 30 años se interesan por la cirugía refractiva. Aunque pueda pensarse que la estética es el principal motivo, los especialistas aseguran que la realidad es otra. «La mayoría de los pacientes jóvenes buscan comodidad y autonomía«, explica Mendicute. Dejar de depender de gafas o lentillas para practicar deporte, viajar o desarrollar su actividad diaria suele ser el objetivo principal. También consultan con frecuencia quienes sufren sequedad ocular, irritación o cansancio visual por el uso prolongado de lentes de contacto.
Artículo tomado de 20minutos, lea el original aquí.