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De las navajas a los relojes: el lujoso negocio de medir el tiempo

¿Cómo se forja el prestigio de un reloj inalterable al paso del tiempo? Karl Kieliger, general manager de Victorinox LATAM, revela los componentes que sustentan la visión global de la firma suiza en su división relojera.

En el competitivo universo de la relojería, el éxito comercial suele medirse bajo las reglas de las corporaciones públicas: dividendos trimestrales, márgenes holgados y agresivas campañas de marketing. Sin embargo, en Delémont, el corazón de la producción relojera suiza, Victorinox opera bajo una lógica distinta. Aunque la firma es mundialmente famosa por sus navajas multiusos, su división de relojes —nacida en 1989 bajo la marca Swiss Army— se ha fortalecido como un pilar estratégico que representa cerca del 15% de su facturación.

La manufactura somete cada una de sus piezas a controles de calidad que superan los estándares habituales de la industria relojera. Bajo este criterio, el sello “Swiss Made” funciona como un compromiso evolutivo de la marca, el cual se complementa con una garantía de cobertura de cinco años para todo su catálogo de relojes.

En este contexto, Forbes México plantea la pregunta: ¿cómo hacer rentable un producto que, debido a sus estrictos estándares de durabilidad y amplias garantías, se considera “irremplazable”? La respuesta se encuentra en el modelo de negocio y la estructura de propiedad. Al ser una empresa independiente controlada por una fundación familiar (actualmente en su cuarta generación), la toma de decisiones no está condicionada por los vaivenes bursátiles, explica Karl Kieliger, general manager de Victorinox LATAM. “No hay un pensamiento de hacer utilidad a corto plazo. Es una inversión al futuro. Gran parte de la utilidad se invierte de nuevo dentro de la empresa para fortalecer la marca y los productos”.

Victorinox se ubica en el segmento del lujo accesible dentro del universo relojero. A diferencia de los competidores, la empresa suiza ha optado por reducir sus márgenes de ganancia en favor de la calidad intrínseca del producto, afirma Kieliger. Este enfoque se sustenta, en gran medida, en la salud financiera de sus categorías principales —navajas y cuchillería—, lo que otorga a la división de relojes el oxígeno necesario para madurar proyectos a largo plazo.

No obstante, el principal diferenciador de la relojería de Victorinox es su capacidad de manufactura. Tras más de 140 años en la industrialización del acero, la compañía comenzó en 2014 un proceso de verticalización progresiva para producir sus propios componentes internos, incluyendo la incursión en el complejo campo del titanio.

Mientras que la mayoría de las marcas de relojes externalizan la producción de sus componentes en mercados asiáticos, Victorinox investiga, diseña, desarrolla, fabrica, ensambla y somete sus piezas a más de 100 pruebas rigurosas de resistencia en su Centro de Competencia de Relojes en Delémont, el cual recibió una inyección de capital superior a los 32 millones de francos suizos (CHF) para expandir sus operaciones en 2016.

Ahí se fabrican los componentes clave de sus piezas, como cajas centrales, biseles, fondos y soportes de movimiento metálicos. Para ello, la firma emplea principalmente acero inoxidable AISI 316L, un material reconocido por su durabilidad y alta resistencia a la corrosión, con el valor añadido de que más del 50% de este insumo proviene de fuentes recicladas, apuntalando así un modelo que equilibra la alta precisión industrial con la responsabilidad ambiental.

Después de recorrer cada etapa de la manufactura, Kieliger detalló en exclusiva que el proceso de desarrollo de una pieza, desde el papel hasta la línea de producción, toma entre dos y tres años. El objetivo, subraya, es trasladar el ADN de resistencia de la navaja suiza a la muñeca del usuario.

“Somos, desde hace más de 140 años, los expertos en transformar el acero inoxidable en productos de alta calidad, y queríamos trasladar esto a los relojes. Nadie sabe trabajar el acero inoxidable mejor que nosotros”, expresa con entusiasmo.

Claves de expansión

A pesar de los retos globales y los altos costos de fabricación en Suiza, que obligan a la planta a automatizarse y ganar eficiencia de forma constante, Victorinox mantiene una sólida presencia de mercado. En Latinoamérica, precisa el entrevistado, se han posicionado con éxito en Brasil y fortalecido su presencia en Argentina y Perú.

México se consolida como el cuarto mercado más importante a nivel global para la marca y es considerado un eje vital para su expansión en la región. Para transmitir al consumidor de manera más personalizada su filosofía y experiencia, Victorinox aceleró su estrategia de retail con aperturas en plazas comerciales: tras inaugurar en diciembre su quinta tienda en Oasis Coyoacán, celebra la apertura de su sexta tienda, en Punto Valle, Monterrey, mientras busca nuevas ubicaciones clave en el territorio nacional.

La firma también apunta a conquistar a las nuevas generaciones, elevando el reloj a un accesorio de identidad de alta precisión y resistencia. Ante el encarecimiento global de metales preciosos como el oro y la plata, Kieliger detecta una oportunidad de mercado en la que el reloj de acero se posiciona como una alternativa de valor y estilo de vida.

Con el reciente lanzamiento de innovaciones como el Concept One, un reloj solar de perfil clásico, Victorinox —subraya el entrevistado— demuestra que su estrategia no está diseñada para los próximos cinco años, sino para asegurar la transición exitosa del patrimonio hacia la quinta generación familiar.

Artículo tomado de Forbes, lea el original aquí.

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